Sandy, un espectáculo mediático que deshumaniza la tragedia

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(Foto Reuters. Haití después del paso de Sandy)

El relato de los medios de comunicación sobre el paso del huracán Sandy por el Caribe y la costa este de Estados Unidos debería hacer reflexionar a los profesionales del periodismo. Esta tormenta tropical se transformó en huracán y alcanzó Cuba, Haiti y otros países del Caribe, provocando decenas de muertes y daños que algunas de estas poblaciones pueden arrastrar durante un tiempo importante. Sin embargo, el huracán Sandy se ha convertido en un gran foco de atención mediática mundial, con su epicentro en Nueva York. El mundo entero ha estado expectante de la llegada del huracán, cámaras en directo 24 horas y, pocos deteniéndose en las consecuencias que ha provocado en otros puntos. El cubrimiento de la información y las redes sociales han mostrado esas riadas por el centro de Manhattan, los nubarrones sobre Times Square, fuertes vientos, la suspensión de la campaña electoral, el cierre de Wall Street o, incluso, numerosos fotomontajes de fenómenos apocalípticos o sobrenaturales típicos del cine.

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(Fotomontaje que ha circulado por la red)

Entrando al motor de búsquedas de Google Noticias, los datos hablan por sí solos. La búsqueda “Sandy Haiti” cuenta con unas 150.000 entradas en todo el mundo. Por contra, “Sandy Nueva York”, supera los 900.000.000. Es sólo un dato que demuestra el contraste entre el cubrimiento de la información en un punto u otro. Para los que no saben cómo ha afectado el paso del huracán por el Caribe, que es la mayoría de la población, decir que en Haiti se ha cobrado la vida de más de 50 personas (más otras 11 en Cuba), que muchos cultivos se han perdido, que miles de vecinos se han quedado sin vivienda, que se han dado nuevos casos de cólera y que podrían transmitirse enfermedades por la ingestión de agua contaminada. Especialmente preocupante es la situación del país que hace dos años sufrió el terrible terremoto. La pérdida de cultivos puede llevar a un incremento de los precios de los alimentos y, a la desnutrición de una parte de la población. Ya en los últimos meses esta problemática se estaba produciendo y ahora se puede agravar.

Dicen que lo que no aparece en los medios de comunicación no existe. Y, en éstos han ocupado más espacio informativo los fotomontajes del paso del huracán por Nueva York o en como los ciudadanos se toman con buen humor el paso de la tormenta, que el paso de este fenómeno por el Caribe. La única “zona catastrófica” es la de isla de Manhattan, el número de víctimas se contabiliza desde la entrada del huracán por la costa este o el único “campo de batalla” son esas grandes avenidas tan filmadas en el cine. Así, se ha configurado una imagen de Sandy más parecida a una película de Roland Emmerich que a una visión de la realidad. Una de las zonas de la costa este más afectadas por el paso de este huracán ha sido Nueva Jersey, como también han sufrido las consecuencias Pensilvania, Maryland o Virginia. Si volvemos a utilizar el parámetro de la medición de entradas en Google News, tendríamos 7 millones de resultados con las palabras “Sandy Nueva Jersey”. Una cifra irrisoria comparada con la de Nueva York.

Los medios aún estirarán el paso de Sandy, para ver sus efectos en la campaña electoral, cómo han sufrido los españoles que viven en la gran manzana, las pérdidas económicas o la vuelta a la normalidad. Porque el espectáculo hay que continuar alimentándolo y relatándolo en pequeñas dosis de periodismo palomitero. Las imágenes del huracán son impactantes, pero seguro que hay muchas historias humanas detrás de Sandy que aún lo son más. No es eso de convertir la tragedia en espectáculo. Es mojarse y mostrar algo con más interés que muchas de las imágenes vacías de contenido. Aunque no pegue a tantas personas delante del televisor como narrar el apocalipsis.

* Como diría Forges, “No te olvides de Haiti”.

Fahrenheit 451

ImageEl periodismo atraviesa su momento más delicado en España. La crisis económica está haciendo mella en las redacciones y se va cobrando innumerables víctimas en todas ellas. Prácticamente todos los medios han pasado o están pasando por los sangrantes expedientes de regulación de empleo, que al final reducen las plantillas y merman la calidad e, incluso credibilidad, del propio medio. Otros muchos medios han tenido que echar el cierre por estos motivos.

Los medios de comunicación son uno de los tres conjuntos de actores fundamentales en el escenario político, junto a los representantes políticos y la sociedad. Son los intermediarios y los que vigilan el comportamiento de los que atesoran el poder. Son una pieza clave de este sistema y es necesario que sean fuertes y que ejerzan profesionalmente la profesión. Además, claro está, del papel que tienen los medios en las cuestiones cotidianas al margen de las políticas y de esa visión de la realidad que nos transmiten y, que en muchas ocasiones consiguen emocionarnos con historias magnificas. Porque, que no se olvide, los periodistas son contadores de historias.

La situación actual es muy grave para todos los medios. Aunque es especialmente más difícil en los impresos. Cada vez se está reduciendo más la paginación, se cuenta con muchos menos recursos, se tira de fuentes primarias y no se encuentran salidas a esta larga crisis. Aquí podría abrirse el debate con el que llevo conviviendo más de cinco años sobre el fin de la prensa escrita por la expansión de Internet o su supervivencia en el sistema actual, pero lo dejaré para otro día. Hoy, no se por qué, me ha venido a la cabeza aquel relato de Bradbury llevado al cine por François Truffaut en los años 60. Aquel régimen autoritario que quemaba todos los libros, para crear una sociedad analfabetizada.

La idea de este relato y de la película es genial. Una sociedad inculta es más fácil de manipular. Sólo hay que ver cómo actúan los regímenes totalitarios en este aspecto. Cuanto más ausente está la sociedad y menos conoce, es más fácil imponer una serie de políticas.

Muchos periódicos ya han ardido a 451º Fahrenheit en lo que llevamos de crisis y, otros lo pueden hacer en los próximos meses o años. Pero lo que tengo claro es que el periodismo superará este momento actual. En aquél relato y film, la sociedad se sobreponía a la quema de los libros, fundiéndose con la cultura popular. Es decir, superando las adversidades con ingenio y manteniendo vivo este patrimonio común. No se cuál será la salida del periodismo, pero sí que entiendo del romanticismo de esta profesión.

***Escrit pensant en tots aquells que estan que s’han dedicat a esta professió o que l’han estudiada i que estan patint les conseqüències d’esta llarga crisis