Michael Haneke, perturbadoramente convincente

Michael Haneke ha vuelto a iluminar con el oro de Cannes su sombrío y aterrador universo. Porque el “Amour” del austriaco es pertubador, con la muerte como telón de fondo y reflexionando siempre sobre la sociedad y la condición humana. La crítica coincide en que su segundo triunfo en el festival más prestigioso del mundo le convierten en un cineasta imprescindible. Pero por encima de cualquier victoria está su talento. Porque Haneke se abrió al mundo encerrándose en sus “Funny Games” y una aparentemente sencilla historia. No fue premiada y ello no le resta ni un ápice de genialidad.


ENTREVISTA A HANEKE SOBRE FUNNY GAMES (PULSAR CC PARA SUBTÍTULOS)

El cine de Haneke nos enfrenta a situaciones cotidianas, de una forma simple y con un estilo narrativo inconfundible. Es capaz de inquietar al espectador en cada una de sus películas y, de hacerlo sugiriendo y siendo explícito. Porque parece que hay pocas cosas más desagradables que esos juegos divertidos de los que sabes que nunca podrás escapar -el mejor ejemplo es ver la escena del mando a distancia en el vídeo- o que una extraordinaria profesora de piano acabe automutilándose el clítores (La Pianista). Sin embargo, resulta extremadamente aterrador como nos muestra la autodestrucción de la pequeña burguesía, a causa de la monotonía de la vida y del sistema (El séptimo continente) o, simplemente, por la incomodidad de estar siendo observado y perseguido (Caché). O ese mundo rural de entreguerras en el que los niños se educan bajo un hermetismo que les obliga a mantener lo que es imposible: el blanco inmaculado símbolo de la pureza (La cinta Blanca). Ese odio que es capaz de establecer diferenciaciones inútiles y que desembocaría en el auge del fascismo.
“Vivimos en una parte del mundo muy industrializada y sólo conocemos la violencia personal por los medios de comunicación. Asistimos a una desrealización de la violencia” (Michael Haneke)
Las películas de Haneke reflexionan sobre la violencia, la maldad, la educación, la vida, la autodestrucción, la muerte, el dolor, la hipocresia de la sociedad… todo en el marco de las situaciones más cotidianas. Su cine conmueve, a la vez que ahoga, es retorcido, perverso y especialmente doloroso. Porque sus películas golpean y, esos puñetazos al estómago hace que se te queden grabadas, tanto en la retina como en la mente. Con pocos diálogos, largos planos-secuencia o ambientes oscuros, el austriaco siempre es capaz de crear un climax terrorífico. Además, es capaz de jugar con lo ausente y narrar situaciones de extrema dureza con aparente normalidad -como el asesinato del niño de “Funny Games” que el espectador no presencia y que nos cuenta un off mientras uno de los ejecutores se hace un bocadillo”-.
En definitiva, estamos ante un director complejo, que, incluso, pretende crear rechazo hacia sus películas. Un hecho que hace que muchos lo encasillen como un director sádico. Pero la gran mayoría de ellas se convierten en angustiosas y magistrales clases de cine. Y aún diría más, en repasos críticos sobre la sociedad en la que vivimos. Quién sabe si por ello, ha sido en estos años cuando ha convencido a la crítica.

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