Glamour y cine de “autor”

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Existe un cóctel sabroso cuya receta es la suma de una buena dosis de cine de “autor” y un chorro largo de glamour. En ese color rojo que se adentra hacia la Croisette desfila la creme de la creme del famoseo mundial. La fórmula se repite año tras año, para saciar a los cinéfilos ávidos de buen cine y de sus “autores” preferidos.

El Festival de Cannes es el brillo en esta Europa cada vez más oscura. Casualidad o no, el final del certamen coincidirá con otro acontecimiento a 50 kilómetros (GP Mónaco), en el que derrapan los billetes y se queman millones cada segundo. Dos formas de acaparar todas las miradas, pero que en cuyo alrededor se encuentra la sombra de la crisis que se ha extendido cual peste por el longevo continente. En esos otros lugares que no chafa la jet set, la población está sumida en una melancolía a lo Kirsten Dunst, que es aquella que mostraba con sus familiares y consigo misma en la última película del genio danés Lars von Trier. Un director que este año no estará en su cita por excelencia -bueno, físicamente ni éste ni los demás si no le retiran la declaración de non grato- y que ha cedido parte del protagonismo -a juzgar por las buenas críticas recibidas por La Caza– a su compatriota de los inicios del Dogma, Thomas Vinterberg.

Cannes es un gran escaparate para esbeltos cuerpos y bellos rostros, pero también para “autores” seguidos sólo por unos “frikis”. El mencionado danés, Haneke, Loach, Mungiu, Resnais, Cronemberg o Kiarostami, son algunos de los nombres que muchos de los pocos que aún disfrutan de las palomitas en el cine no conocerán. Supongo que por ello habrán conseguido la etiqueta de “autores”.

Cannes cambia año tras año, pero siempre guarda su espacio para este cóctel. Cierto es que se ha blockbusterizado con incomprensibles payasadas para este escenario, del estilo de Piratas del Caribe o Madagascar, pero sigue confiando en su esencia. Edición tras edición, nos muestra títulos que serán imprescindibles para el “frikismo” durante el año. Melancholia, El árbol de la vida o The Artist, fueron algunas de las aclamadas el pasado año. Incluso triunfaron en los Óscar, lo cual te hace dudar de quién se ha emborrachado más, si un tío que hace cine mudo en el siglo XXI o la Academia de Cine americana -sin entrar a valorar su merecimiento, sólo la apertura a cine diferente y no de la industria-. Falta poco para conocer la Palma de Oro. Yo de momento, voy a preparar mi bebida. Eso sí, le quitaré el ingrediente del glamour.

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